Nazareno. Escena II. Un Televisor con Párpados
Una ocupación convenientemente remunerada y los círculos en los que se movía, habían hecho de Pedro una persona segura de sí misma, sin complicaciones, fuera pamplinas, nada de comerse el coco con tonterías. Ser extremadamente práctico y realista era su filosofía y según él había que seguirla al pié de la letra. Si te descuidas te atrapan, te arrinconan, te espachurran, te dejan hecho una mierda, y de eso nada.
La experiencia con su padre, Alberto, internado más de siete veces en la unidad de psiquiatría del hospital general, había hecho que observara el mundo de una manera distinta a como lo hacían los hermosos ojos de su novia Isabel.
Como casi siempre, el padre dormitaba en su habitación. El efecto de los psicofármacos no entiende de trajines, actividades ó alegres jovialidades, y habían resumido la vida de este hombre a pocas palabras: dormir, comer, televisión, dormir, comer… Llevaba más de ocho años así, su mujer no pudo aguantar la situación, y se marchó unas amargas navidades, en una triste noche de Reyes. Carbón para todos. Sin noticias de ella hasta la fecha.
He creado a Pedro, a su padre Alberto, a su novia Isabel y a cada uno de los personajes que irán cobrando vida a lo largo de esta historia. Todos son como hijos míos, retoños desorientados en un mundo fabricado, confeccionado y elaborado por mí. Un mundo que por tanto me pertenece.
Esta historia, mi historia, es su sino, y la suerte que correrán en el transcurso de sus vidas será cosecha mía, principalmente la de nuestro amigo Pedro. Lo he embarcado hacia lo desconocido en un navío fletado especialmente para él. Grabaré sobre un mar tormentoso trazos de estelas plateadas, y sufrirá, reirá, odiará o amará, pero siempre que yo lo disponga. Su timonel, su capitán, su rumbo y poniente, incluso su mar, ese soy yo. En términos religiosos podemos decir que su destino está en manos de mi divina providencia. En definitiva soy el que soy, su dios.
El que yo haya creado este estado de cosas, no significa que esté de acuerdo con ellas, es más, continuamente estoy retocando por aquí y por allá, ahora modifico esto, ahora esto otro. Todo ello hasta quedar más o menos conforme con el efecto deseado, esperando que este relato se deslice sobre el tiempo como brisa suave, sin mutarse, sin parches ni enmiendas, embriagando limpiamente a todo corazón que se preste. Sigamos creando.
La vida de Pedro no me gusta nada. Mucho menos como han tratado a su padre. He de hacer algo. Usaré mis poderes mecanográficos y comenzaré a realizar algunos cambios. Allá voy.
Pedro buscó las tijeras. Acomodándose en el sofá comenzó a cortarse las abandonadas uñas de los pies. Este año también iría descalzo. Miró la televisión, calle Alberto Lista. Nazarenos, gentío, silencio, música. El paso del Santísimo Cristo de la Lanzada, obra del imaginero Antonio Illanes, recorría... ffffffffff... recorría el trayecto sin... ffffffffffffffff... sin prisas, lentamen... fffffffffffff... la pantalla... fffffffffffffffff... las imágenes del televisor... ffffffffffffffffff... la pantalla parpadea...sí, la emisora falla...todo comienza a esfumarse...
Hay expresiones raras ¿una pantalla parpadeando? no se... una metáfora, la llaman metáfora. Algunas veces pienso sobre este tipo de expresiones. Escuchadas desde niños nos son tan familiares que no precisamos preguntarnos si serán absurdas. Con la vida pasa igual, diariamente realizamos actos que nos han indicado correctos ¿lo son en realidad?
Las imágenes cofrades se habían disuelto por completo dejando paso a un documental de naturaleza dedicado a moluscos y babosas.
Parpadear? Lo dicho, sólo es una metáfora, como tantas otras, encargadas de enriquecer los textos, las expresiones... pero... ¿A que viene esta repentina preocupación por ese tipo de expresiones...? seguiré escribiendo y punto. ¿Y punto...? ¿una televisión con párpados? ¿Con su rimel y todo? ridículo, ridículo. ¿Qué significará en realidad metáfora?
Una metáfora... hum... una metáfora es... ¡Ya está bien! Sigamos, sigamos creando.
Pedro cogió el mando, hizo zapping, pero las cadenas televisivas ya no mostraban interés alguno en su Semana Grande. Ningún tipo de noticias, música, o comentario sobre ella o sus procesiones. Extrañado apagó el aparato y puso la radio. Giró el botón buscando emisoras, cambió de frecuencia. El mismo resultado, nada de nada. Sólo retransmitían lo habitual en fechas normales. En un país como este, en una ciudad como Sevilla, volcada todo los años en estas festividades religiosas, resultaba inusual, raro, muy raro, que esto ocurriera. Meditó durante un instante, luego durante otro. Encontró una opción diferente para ambientar la tarde, algo de música, pero...
_ ¿Dónde están los Cds de semana santa?- Suena el teléfono.
_ Diga.
_ ¡Holaaa! _ Era raro que su novia lo llamara al móvil.
_ Hola Isabel.
_ ¿Has llamado a Renfe?
_ Aún no. Luego llamo.
_ ¿Luego? Ahooora. Seguro que te olvidas.
_ Bueeeno. Ahora llamooo. No te preocuuupes.
_ Veeenga _ Isabel colgó.
Llama a la estación. Mensaje de espera embadurnado en musiquilla tonta de ordenador.
_ Justa, dígame.
_ ¿Estación de Santa Justa?
_ Estación de Justa, dígame.
_ ¿Estación de Santa Justa? -volvió a preguntar. Le extrañó que la mujer quitara santidad a la estación.
_ Estación de Justa, dígame.
_ Ehmmm...bueno... quisiera saber a que hora salen los cercanías con dirección a Cazalla de la Sierra.
_ Un momento, por favor... _ musiquilla de ordenador
_ cinco de la mañana, caballero.
_ Demasiado temprano. ¿El siguiente?
_ La siguiente salida la tiene usted a las trece y treinta.
_ Me comentaron que había uno sobre las ocho y media de la mañana.
_ A las nueve horas exactamente, pero sólo sábados y festivos.
_ Señorita, el viernes es día festivo, viernes santo. Debe haber un tren sobre esa hora ¿me equivoco?
_ Se equivoca, el viernes no es festivo, por lo que el horario de salida lo sigue teniendo usted a las cinco de la mañana. ¿Alguna otra cosa, caballero?
_ Semana Santa, señorita. Estamos en Semana Santa. Los pasos, los costaleros, los caramelos, los tambores...ya sabe, prumbum, prurrumbum, prrrrrrrrr....prumbum...
_ No entiendo caballero, discúlpeme, pero hay gente esperando en línea, si no precisa otra cosa tengo que...
_ ¿Es usted despistadilla o tonta del capirote?
_ Permítame indicarle que debería reservarse sus inadecuados improperios para reflejarlos, si lo cree oportuno, en el libro de reclamaciones, disponible en nuestras oficinas de atención al cliente para todo usuario que lo precise. Muy buenas tardes, caballero.
_ ¡Malaje! _ volvió a sonar su móvil.
_ ¡Diga!
_ ¿A que todavía no has llamado?
_ ¡Sííí!
_ ¿Bueno, a que hora sale el primero?
_ Parece que a las nueve.
_ ¿Parece?
_ Sí, es que me ha salido una saboría que no tiene ganas de fiestas.
_ Ah.
_ ¿Oye, cómo es que me llamas al móvil? - ella debería saber que había pedido el día libre y era extraño que no lo llamara al fijo de su casa.
_ Quería preguntarte lo de la estación, no se…
_ Estoy en mi caaasa, tengo permiiiso, salgo de peniteeente.
_ ¿Sales de qué?
_ Que me pongo el antifaz, niña.
_ ¿Pero qué dices, Pedro?
_ Isabel ¿a ti te parece que voy a tener cuerpo el viernes para cargar con la tienda de campaña y los bártulos, después de la paliza que me voy a dar hoy?
_ ¿El viernes? El viernes tienes que trabajar, Pedro, quedamos para el sábado, dime ¿Qué haces en tu casa y qué es eso del antifaz?.
_ ¿Qué hablas?
_ ¡Qué hablas tú! Mira Pedro, tengo que hacer unos recados urgentes y no tengo tiempo de cachondeito, así que cuelgo y ya me explicaras que es lo que te traes entre manos y por qué no estás currando como los chicos buenos.
_ Pero....
_ Hasta lueego.
_ ¡Niña!_ Isabel ya había colgado
_ ¡Qué coño le pasa a la loca esta?
En esos momentos apareció su padre en la estancia. Increíble, no podía creer lo que veía, estaba levantado, despierto, demasiado despierto, y cambiado, demasiado cambiado.
_ ¡Pedro, y esta ropa?
_ ¡Alberto observaba los atuendos de nazareno de su hijo mientras terminaba de hacerse el nudo de la corbata.
Pedro se quedó como su nombre indica, de piedra. Nunca antes había visto a su padre así, tenía un aspecto formidable. ¿De donde había sacado ese traje? ¿Y esos zapatos tan lustrosos? Estaba pulcro, afeitado, rutilante, apuesto, con un peinado de lo más refinado, con una elegancia y desenvoltura más que inusual en él, pero lo sorprendente, lo verdaderamente asombroso, era que había perdido más de cuarenta quilos en apenas tres horas. No entendía lo que estaba pasando.
Me imagino que a ti te pasará lo mismo. Sigue leyendo, sigue leyendo, las dudas se disiparan de un momento a otro si haces un llamamiento y requieres los favores de la paciencia, esa distinguida señorita citada por todos pero esperada por pocos.
El malentendido con la chica de Renfe y el de la majareta de su novia le habían desorientado un poco, pero el de su padre lo dejó tarumba.
_ Tengo prisa Pedro. Hazme un favor, llama a tu madre al gimnasio y le dices que llegaré al restaurante una hora más tarde. ¡Ah, otra cosa! tal vez se acerque algún corresponsal de un rotativo de la Junta de Andalucía. Dile que se pase por el gabinete. Estaré allí en diez minutos. Hasta luego.
_ ¿Rotativo de la Junta ...? ¡Papa!...¿Cómo es que...? ¡Papá…! ¿Qué …?
Alberto ya no estaba. Con unos pocos pero vigorosos pasos, había alcanzado la puerta de la calle, y tras cerrarla dejó a su hijo inmóvil, en medio del salón, en silencio, buscando algún pensamiento que le ordenara las ideas. No encontró ninguno.
| <<Anterior   <Índice>   Siguiente>> | Mi Web |